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Amistad superlativa

Sociedad / Opinión

La cena es una simple excusa, donde un grupo de amigos, compañeros o conocidos de la época del colegio reviven el haber compartido aulas, equipos de fútbol o amistades sin importar credos o ideologías.

El punto en común es la vivencia pueblerina y ese arraigo imposible de olvidar al margen de los aciertos o equívocos transitados.

La crianza en una tierra como 25 de Mayo deja marcas que afloran comúnmente con los años, con una particularidad extra para quienes emigraron en búsqueda de otras expectativas, sin olvidar esas raíces.

Cena de veinticinqueños en Palermo

Cada pueblo del interior tuvo y tiene sus paradigmas, que algunos jóvenes de entonces prolongaron a la hora de convivir en pensiones o compartir algún departamento cuando el estudio o el trabajo los dirigió a capitales emblemas como Buenos Aires o La Plata.

Ahora, esas reuniones con cena mediante ayudan para aflorar los recuerdos de compañeras, amigos, novias, viajes y demás menesteres estructurados básicamente en la adolescencia.

Por eso, en este contexto, un grupo de veinticinqueños inició hace años el marcado del rumbo para refrendar aquella amistad y adaptarla a los tiempos actuales para copia de nuevas generaciones.

Con un lapso no superior a los dos meses, esa mesa se agiganta hasta aproximarse a un número meramente simbólico: reunir a 25 (amigos y/o conocidos) de 25 (de Mayo). La trascendencia de estas reuniones hace que sólo surjan llamados de otros ex convecinos que se quieren sumar al esperado brindis final de cada cena.

Este momento se complace con un ‘lemon champ’ especial de la casa. Por eso, la comida es una excusa, ya que lo sustancioso está en el intercambio de opiniones y recuerdos.

“Era mi primera concurrencia, agradezco que me hayan hecho participar, lo pasé muy bien, rodeado de gente macanuda que tal vez, sin vernos diariamente o muy seguido, hay en cada uno un código de referencia, nuestra ciudad, nuestro 25 de Mayo, base fundamental para sellar estos encuentros”, sintetizó a “Diálogos” uno de los asistentes.

Esta reunión de hombres que transitan la cuarta y la quinta década tiene la representación de las más diversas áreas de trabajo y profesiones.

Se peinan canas y se nota en las anécdotas. Algunas crecen en magnitud con el paso del tiempo, otras se renuevan mediante la llegada de nuevos componentes a estas reuniones comenzadas hace varios años entre apenas cinco veinticinqueños.

No importa el barrio de la niñez, sobran muchos otros componentes en común que sirven de nexo comunicacional.

Una de las últimas reuniones hasta incluyó canto a capella, frente a comensales que viven en familia en Pilar, Tigre, La Plata y Capital Federal. El rol de organizador lo tiene el agente de seguros Marcelo Destefano, un líder en la coordinación de esta clase de eventos..

Estas comentadas cenas se realizan generalmente en una cantina de club administrada por cocineros y mozos que anteriormente eran los anfitriones del grupo en un afamado restaurant en el mismo barrio porteño de Palermo.

“Es la cena de los exiliados” dijo un amigo desde la misma 25 de Mayo.

Se trata de un acontecimiento social de enorme valor sentimental para los asistentes, y eso es lo que inspira a la sumatoria de coterráneos con la idea de ir por más, para no olvidar desde el agradecimiento esa dicha de haber sido criados en una ciudad con parámetros particulares.

En definitiva, cada uno de los que pasan por estos trances son pequeños embajadores, que vuelven seguido a su tierra por esas necesidades de identidad barrial, familiar y hasta de crianza.

Es una reunión abierta al que se quiera sumar, con un solo requisito: ser veinticinqueño y no olvidar aquel pasado.