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Arrogancia

- Los argentinos estamos plagados de éxitos y fracasos, como cualquier sociedad, pero lamentablemente seguimos bien posicionados en el ranking de la soberbia y del autoritarismo.
. Estos factores, que en muchos casos se trasladan desde lo individual a lo grupal, nos juegan tan malas pasadas que nos dejan luego una sensación de vacío difícil de llenar de manera inmediata.
. Las experiencias se pueden transpolar a diferentes ámbitos, pero lo vamos a plasmar simplemente en dos casos particulares: uno, en el plano deportivo, y otro, en el político.
. Un 80 por ciento de los argentinos daban por ganada la final de la Copa Davis antes de jugarla con España, incluso con el aliento de algunas declaraciones de sus protagonistas cargadas de triunfalismo.
. La derrota tenística posterior caló hondo y asimilar esa realidad se hace cuesta arriba.

Arista
. En otro ámbito, algunos funcionarios políticos de primera línea hacen gala de la situación social y económica de Argentina frente a la recesión mundial que se profundiza.
. Se creen inexpugnables y hablan ante la prensa como si viviéramos en un paraíso. Un posicionamiento que nos costará caro, ya que la historia demuestra que repetimos errores de manera incrédula.
. Siempre se buscan y aparecen chivos expiatorios, los culpables son otros, nunca traslucen los errores propios.
. Latinoamérica siente admiración en general sobre la población argentina, pero cuando todavía no se conoce a ese individuo en particular, hay distanciamiento por la presunción de arrogancia.
. Nos sobran ejemplos vividos y nos duelen sus consecuencias iniciales. Cuando se demuestra lo contrario, el trato y el respeto es encomiable.
. La aprensión nos distingue frontera afuera, pero en lugar de ayudar a distender o relajar esa realidad, muchos persisten en menospreciar una preocupante carta de presentación.